28/10/15

FONDUE, PASIÓN POR EL QUESO



Aunque es un plato muy extendido por Francia, el orígen de la fondue se encuentra en los macizos montañosos del Jura.Las fondues típicas constan de un caquelon,recipiente donde se funde el queso (generalmente de vaca),y al que se le añade un chorro de Kirsch (licor de cerezas)o en su defecto, vino blanco. un saquito con pequeñas patatas asadas y un cesto lleno de rebanadas de pan serán las porciones sumergibles del plato. 
Pero... ¿Qué hay que hacer? Esta es un tipo de comida que propicia la interactividad entre los comensales, ya que estos se sirven de unos pinchos en los que insertan con perseverancia trocitos de patata o pan que deberán bañar en el queso una vez fundido. Cada comensal debe cuidar de su pincho, esperar turno para introducirlo, pasarse el pan y pasarse la palabra! digo pasarse la patata!...
¡Pero cuidado!Es una comida muy calórica y suele dejarte saturado, así que no estará de más dar un paseo tras el atracón. 


Cuando visitamos Suiza, en verano del 2015, nos quisimos dar un capricho, uno de esos que se escriben con letras mayúsculas y una hermosa cifra en euros. Tras leer las recomendaciones de unos y otros nos acogímos a la de la guía de viajes Lonely Planet.  Recorrímos para ello unos cuantos kilometros hasta llegar a un pequeño pueblo de la zona de Gruyères llamado Châtel-St-Denis. Allí se encuentra el Café Tivoli.
  
Fachada principal del Café Tivoli

Es un café-restaurante de ambiente local. A decir verdad, creo que eramos los únicos forasteros del lugar.Tiene un amplio comedor con mesas de madera y decoración de estilo rústico, algo que nos hacía imaginar que estabamos tomando la fondue poco más que en la cabaña del abuelo de Heidi. La vajilla no se queda atrás; la decoración del plato nos dio para entretener durante un buen rato a nuestro hijo, que ya estaba hambriento.


Pedimos una fondue “Moitié-moitié”, es decir, mitad queso Gruyère, mitad queso Vacherin- un tipo de queso típico de la zona de Friburgo-.
  




Una camarera algo ruda, pero no desagradable, nos atendió con mucho garbo y poca conversación; al pan pan y a la fondue…queso.

Bajo el caquelon prendía un quemador de alcohol, por lo que debímos estar ojo a vizor con Eneko. El queso estaba perfectamente fundido, así que a la tarea; cada uno se encargaba de su pincho,de insertar pequeños trozos de pan unas veces o patata otras, para sumergirlos en el queso.

Lo acompañamos todo con un vino blanco de la región, de cuyo precio no quiero acordarme…Pero bueno, un día es un día.







Pero no queda aquí nuestra gula por el queso, y antes de regresar a casa compramos (a un precio que nos pareció bastante caro) un par de bolsas de queso para realizar una fondue. Son paquetes con una mezcla preparada y deben ser consumidos en los siguientes quince días. Os recomendamos la mezcla de Gruyere y Vacherin y la marca Cave d’or-Goldeshöllen. Aun así, si teneis la frontera de Francia cerca, en cualquier supermercado francés podreis haceros con un paquete de queso para realizar la fondue, aunque no sea de esa mísma marca.




Nos pusimos manos a la obra una tranquila noche en la que ya había refrescado un poco.Para ello atendimos a unos sencillos pasos que evitarán que el queso quedara hecho una pelota. (Tanto como para jugar a tenis con él)

Paso número uno: preparar una mezcla de vino blanco y kirsch (licor de cerezas), con una cucharadita de harina de maíz y el queso. Nosotros no teníamos licor, pero le echamos una buena cantidad de vino blanco, tanto que parecía que el queso iva a cantar la mari-morena.








Paso número dos: dar vueltas a la mezcla para que el queso se funda correctamente y no se pegue al caquelón.


Paso número tres: añadir un diente de ajo machacado.



Mientras que comienza a fundirse el queso con la mezcla se asan las patatas (talla xs) y termina de hacerse el pan de centeno, tipo alemán, para ambientar un poco la cena.

Pan de centeno.

Patatas asadas.
Como veréis el queso debe quedar bien fundido, sin grumos, y tiene que seguir calentándose y fundiéndose en los quemadores, una vez lo pasemos a la mesa.

Disfrutamos de una cena muy animada, nuestro hijo lo pasó genial, hicimos algo diferente y nos dio para recordar esos días de verano en los que visitamos Suiza.
 
Dejaros llevar, charlad, reíd, brindad,pero sobre todo cuidad de vuestro pincho…¡Es sagrado!







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